14 julio 2026

NO BASTA CON ESPERAR QUE PASE EL TEMPORAL

Foto de Meteored

LECCIONES PENDIENTES

Cada vez que se anuncia un sistema frontal intenso, la conversación pública sigue un patrón predecible: pronósticos meteorológicos, recomendaciones de última hora, suspensión de clases, llamados a evitar desplazamientos y balances de daños una vez que la lluvia cesa. Sin embargo, el verdadero problema no es el frente de mal tiempo. El problema es nuestra tendencia a reaccionar cuando el riesgo ya se ha transformado en emergencia.

Chile no enfrenta una situación extraordinaria. Vivimos en uno de los países con mayor exposición del mundo a terremotos, inundaciones, remociones en masa, incendios forestales, erupciones volcánicas y eventos hidrometeorológicos extremos. Lo extraordinario sería seguir sorprendiéndonos cada invierno.

Hace más de quince años, junto al Dr. Alberto Maturana, sostuvimos que el país debía abandonar la lógica del manejo reactivo de las crisis para avanzar hacia una verdadera Gestión Integral del Riesgo. Nuestra propuesta, elaborada tras el terremoto del 27 de febrero de 2010, planteaba que la prevención debía convertirse en una política de Estado y no en una respuesta episódica frente a cada catástrofe.

Aquella reflexión sigue teniendo plena vigencia.

La experiencia demuestra que los desastres rara vez son exclusivamente naturales. La lluvia puede ser intensa, pero el desastre aparece cuando existen quebradas ocupadas, colectores sin mantención, infraestructura crítica vulnerable, planificación territorial deficiente o comunidades que nunca recibieron educación para enfrentar una emergencia. En otras palabras, muchas veces el desastre es la expresión visible de vulnerabilidades que llevaban años acumulándose.

En nuestros estudios identificamos un amplio consenso entre especialistas de diversas disciplinas respecto de las prioridades que debía asumir Chile: fortalecer la prevención, desarrollar una cultura del riesgo, mejorar la coordinación institucional, descentralizar las decisiones, contar con sistemas de comunicación robustos, asegurar hospitales operativos y promover una ciudadanía activa e informada. Estas prioridades surgieron del análisis de expertos nacionales e internacionales y de una consulta a profesionales provenientes de múltiples ámbitos.

Quizás una de las conclusiones más relevantes era también una de las más sencillas: la prevención no puede activarse cuando comienza a llover.

La gestión del riesgo comienza mucho antes. Empieza cuando un municipio limpia los sumideros antes del invierno; cuando una familia conoce su plan de emergencia; cuando una comunidad identifica a sus vecinos más vulnerables; cuando los medios de comunicación privilegian la información útil por sobre el alarmismo; cuando las autoridades comunican con transparencia, oportunidad y evidencia; cuando los servicios críticos prueban periódicamente sus sistemas de respaldo.

La literatura científica internacional confirma esta mirada. La gestión del riesgo moderna ha evolucionado desde la respuesta al desastre hacia modelos integrales donde la gobernanza, la planificación, la comunicación del riesgo, la resiliencia comunitaria y la coordinación intersectorial constituyen factores decisivos para reducir pérdidas humanas y materiales.

Existe además un aspecto que con frecuencia queda relegado: la salud mental. Después de cada emergencia no sólo se reparan viviendas y caminos; también deben reconstruirse certezas, redes familiares y confianza comunitaria. El primer apoyo psicológico, la información clara y el acompañamiento oportuno forman parte de la respuesta sanitaria tanto como el restablecimiento de la electricidad o del agua potable. Ya en 2010 advertíamos que la salud mental debía ser un componente transversal de toda estrategia de gestión del riesgo y no una preocupación posterior.

Frente al sistema frontal que se aproxima, resulta indispensable seguir las recomendaciones de SENAPRED, de las autoridades sanitarias y de los municipios. Pero sería un error creer que la preparación consiste únicamente en abastecerse de linternas o revisar el pronóstico del tiempo.

Cada frente de mal tiempo constituye también una evaluación silenciosa de nuestra capacidad institucional, de la planificación urbana, de la coordinación entre organismos y de la cultura preventiva de la ciudadanía.

El temporal pasará, como han pasado muchos otros. La pregunta importante no es cuántos milímetros caerán, sino cuánto habremos aprendido antes de que llegue el siguiente.

Porque los países resilientes no son aquellos donde nunca ocurren emergencias. Son aquellos que convierten cada experiencia en una oportunidad para reducir el riesgo, fortalecer sus instituciones y proteger mejor a las personas.

Y esa sigue siendo, hoy como hace quince años, la verdadera tarea pendiente.


Bibliografía

  • Maturana, A., & Torres, A. (2010). Recomendaciones técnicas para una política pública en gestión integral del riesgo y manejo de crisis, en el contexto de la emergencia y desastres. Escuela de Salud Pública Dr. Salvador Allende G., Facultad de Medicina, Universidad de Chile.

  • Torres, A., & Maturana, A. (2011). Gestión integral del riesgo y manejo de crisis en el contexto de la emergencia y desastres: una revisión bibliográfica. Revista Chilena de Salud Pública, 15(1), 33–43.

Bibliografía complementaria 

  • Naciones Unidas. (2015). Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015–2030.

  • Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR). (2022). Global Assessment Report on Disaster Risk Reduction 2022: Our World at Risk.

  • Organización Mundial de la Salud. (2021). Health Emergency and Disaster Risk Management Framework.

  • Organización Panamericana de la Salud. (2010). Hospitales seguros frente a los desastres: reducción del riesgo, protección de las instalaciones de salud y continuidad operacional.

  • Organización Panamericana de la Salud. (2021). Resilient Health Systems.

  • Ley N.º 21.364. (2021). Establece el Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SINAPRED) y sustituye la ONEMI por el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED). Diario Oficial de la República de Chile.

  • Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED). (2022). Política Nacional para la Reducción del Riesgo de Desastres.

  • Wisner, B., Blaikie, P., Cannon, T., & Davis, I. (2004). At Risk: Natural Hazards, People's Vulnerability and Disasters (2nd ed.). Routledge.

  • Alexander, D. (2002). Principles of Emergency Planning and Management. Oxford University Press.

  • Comfort, L. K. (2007). Crisis management in hindsight: Cognition, communication, coordination, and control. Public Administration Review, 67(s1), 189–197.


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